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Tensioactivos en Pastas de Dientes: Espuma y Mucosa
Descubre qué son los tensioactivos en las pastas de dientes, cómo producen espuma y su interacción con la mucosa y la saliva. Aprende sobre su importancia en la higiene bucal y los efectos que tienen en la salud oral.
CIENCIA
Luigi Cellini
9/27/202611 min leer
Tensioactivos y espuma en la pasta de dientes: ¿qué función cumplen realmente?
Nos cepillamos los dientes y esperamos que aparezca espuma.
Es una asociación tan habitual que resulta fácil interpretar la espuma como una señal de limpieza: cuanto más espuma produce un dentífrico, más parece estar actuando.
Pero espuma y limpieza no son exactamente lo mismo.
La espuma es, sobre todo, una consecuencia de la presencia de tensioactivos. Y entender para qué se añaden estas sustancias a una pasta de dientes permite separar tres conceptos que con frecuencia confundimos: limpiar, producir espuma y generar una determinada sensación durante el cepillado.
¿Qué es un tensioactivo?
Un tensioactivo es una sustancia capaz de reducir la tensión superficial entre diferentes medios.
En un dentífrico facilita la dispersión de sus componentes, ayuda a desprender y mantener en suspensión determinados residuos y favorece que el producto se distribuya por la boca.
Uno de los tensioactivos más utilizados históricamente en las pastas dentífricas es el lauril sulfato de sodio, conocido por las siglas SLS (Sodium Lauryl Sulfate).
Además de sus propiedades detergentes, el SLS produce algo inmediatamente perceptible para el consumidor:
espuma.
Y esa espuma ha terminado formando parte de nuestra idea de lo que significa “limpiarse los dientes”.
¿La espuma limpia los dientes?
No deberíamos utilizar espuma y limpieza como sinónimos.
La eliminación de la placa dental depende en gran medida de la acción mecánica del cepillado. Los dentífricos incorporan además distintos ingredientes con funciones específicas, entre ellos abrasivos, fluoruros, agentes contra la sensibilidad y, dependiendo de la formulación, tensioactivos.
Pero una mayor cantidad de espuma no demuestra por sí misma una mayor eliminación de placa.
Un ensayo clínico aleatorizado realizado durante ocho semanas comparó un dentífrico con SLS con otro sin SLS en 120 participantes. Los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en los índices de placa ni en el sangrado gingival. [1]
Sí encontraron, sin embargo, una diferencia en la percepción de los participantes:
el dentífrico con SLS fue mejor valorado por sabor, sensación de frescor y efecto espumante.
Esto plantea una distinción interesante.
Una cosa es cuánto limpia un producto. Otra es cuánto nos hace sentir que está limpiando.
Entonces, ¿por qué se utilizan tensioactivos?
Porque cumplen funciones reales.
El SLS posee propiedades detergentes y tensioactivas, puede favorecer la dispersión del dentífrico y posee actividad frente a determinados microorganismos.
También proporciona abundante espuma y contribuye a una experiencia de uso que los consumidores reconocen inmediatamente como propia de una pasta de dientes.
La literatura científica señala asimismo razones prácticas para su utilización: capacidad espumante, aceptación sensorial y bajo coste en comparación con otros tensioactivos. [2]
Por tanto, la pregunta rigurosa no es: “¿El SLS no sirve para nada?”
Sí tiene funciones.
La pregunta más interesante es otra:
¿qué aporta realmente al resultado del cepillado y qué efectos produce simultáneamente sobre los tejidos con los que entra en contacto?
La mucosa oral no es una superficie inerte
Un tensioactivo no distingue entre la superficie que queremos limpiar y los tejidos vivos de la boca.
Y aquí aparece una parte menos conocida de la literatura científica sobre el SLS.
Se han descrito fenómenos de irritación y descamación del epitelio oral asociados a dentífricos y productos de higiene que contienen SLS.
Una revisión sistemática sobre descamación de la mucosa oral encontró casos asociados al SLS y observó que la extensión de la descamación estaba relacionada con su concentración. [3]
Esto no significa que utilizar un dentífrico con SLS provoque necesariamente lesiones visibles en todas las personas.
Significa algo mucho más concreto:
el SLS no es biológicamente indiferente para la mucosa oral.
¿Qué ocurre con la barrera de la mucosa?
La mucosa oral constituye una barrera biológica.
Su función no consiste únicamente en recubrir el interior de la boca: también regula la interacción entre nuestros tejidos y las sustancias presentes en el medio oral.
Diversos trabajos experimentales han estudiado cómo el SLS interactúa con esa barrera. La literatura científica ha relacionado su exposición, bajo determinadas condiciones, con inflamación, descamación y aumento de la permeabilidad de la mucosa a sustancias químicas. [3]
Esto requiere una precisión importante.
No significa que cualquier utilización cotidiana de un dentífrico con SLS produzca automáticamente una alteración clínicamente relevante de la barrera.
Tampoco demuestra que otras sustancias presentes en un dentífrico atraviesen necesariamente la mucosa.
Pero sí demuestra que considerar un tensioactivo simplemente como un ingrediente que “hace espuma” describe solamente una parte de su interacción con la boca.
La saliva no es agua: es un sistema biológico activo
Cuando un dentífrico entra en la boca no entra en contacto únicamente con los dientes.
La saliva contiene proteínas, glicoproteínas, enzimas, inmunoglobulinas y numerosos componentes que participan en la lubricación, la protección de las mucosas, el equilibrio microbiano y las primeras fases de la digestión.
Entre ellos se encuentran las mucinas, que contribuyen a formar una película protectora sobre los tejidos orales, y enzimas como la α-amilasa salival, que comienza la digestión del almidón ya en la boca.
Por tanto, cualquier sustancia utilizada durante el cepillado entra temporalmente en contacto con un sistema bioquímico que ya estaba funcionando antes de introducir el dentífrico.
La pregunta relevante no es solamente qué hace un ingrediente sobre el diente.
También podemos preguntarnos:
¿qué hace sobre el medio biológico que rodea al diente?
Tensioactivos, proteínas y mucinas
Esta pregunta resulta especialmente interesante en el caso de los tensioactivos.
El SLS posee una elevada afinidad por las proteínas y es conocido por su capacidad para modificar su estructura. En el medio oral, esta propiedad puede afectar también a las glicoproteínas que forman parte de la capa de mucina que protege la superficie de la mucosa. [4]
La literatura científica ha propuesto precisamente la interacción del SLS con esta capa protectora como uno de los mecanismos relacionados con la irritación y con los cambios observados en la permeabilidad de la mucosa oral. [4]
Esto introduce una diferencia importante.
La mucina no es un residuo que necesitemos eliminar.
Forma parte de los mecanismos naturales mediante los cuales la boca protege y lubrica sus tejidos.
Por eso, cuando estudiamos un detergente utilizado en higiene oral, no basta con preguntar si elimina residuos o produce espuma. También debemos estudiar con qué estructuras biológicas interactúa mientras realiza esa función.
¿Puede un ingrediente del dentífrico interferir con las enzimas de la saliva?
Sí, al menos determinadas interacciones están documentadas.
También se han estudiado interacciones entre tensioactivos y otros componentes activos del dentífrico.
En estudios experimentales in vitro, la presencia de SLS ha reducido la captación de fluoruro por el esmalte en combinaciones tanto con fluoruro de sodio (NaF) como con monofluorofosfato de sodio (MFP). [5]
Este resultado no establece por sí solo el mecanismo responsable ni permite extrapolarlo automáticamente a todas las formulaciones comerciales.
Esto no significa que el SLS “anule el flúor”.
Muestra algo diferente y posiblemente más interesante:
los ingredientes de una pasta de dientes no actúan de forma aislada. Pueden interactuar entre sí y también con los procesos bioquímicos naturales de la boca.
¿Qué ocurre con la película de proteínas salivales?
Los dientes y las superficies de la boca están recubiertos continuamente por componentes procedentes de la saliva.
La llamada película adquirida se forma rápidamente sobre el esmalte y contiene numerosas proteínas y glicoproteínas salivales. No constituye simplemente suciedad: participa en la interacción entre el esmalte y el entorno oral.
Experimentalmente se ha observado que distintas formulaciones de dentífricos pueden modificar las propiedades de películas formadas por proteínas salivales. [6]
Después de la exposición al dentífrico, la saliva puede volver a depositar proteínas y reconstruir progresivamente esa película. Sin embargo, diferentes combinaciones de detergentes y compuestos fluorados pueden producir comportamientos distintos.
Una vez más, esto no demuestra por sí mismo un daño clínico.
Pero muestra por qué resulta excesivamente simplista imaginar el cepillado como una interacción entre un producto y una superficie mineral inerte.
El medio oral responde.
La boca es también el comienzo del aparato digestivo
La digestión no comienza en el estómago.
La masticación fragmenta físicamente los alimentos mientras la saliva los mezcla y determinadas enzimas comienzan ya su transformación. La α-amilasa salival, por ejemplo, inicia la degradación de los almidones.
Por esta razón resulta legítimo investigar si los ingredientes que introducimos repetidamente en la boca pueden modificar temporalmente la actividad de sus enzimas.
Existen datos experimentales sobre la interacción de determinados tensioactivos con enzimas naturales. Por ejemplo, se ha estudiado experimentalmente el efecto del lauroil sarcosinato de sodio —un tensioactivo diferente del SLS— sobre la amilasa salival y diversas enzimas digestivas. Se trata, sin embargo, de evidencia experimental antigua que no permite concluir que el uso normal de un dentífrico altere de forma clínicamente relevante la digestión humana. [7]
La diferencia es esencial:
una interacción molecular demostrada no equivale automáticamente a una consecuencia fisiológica relevante.
Pero tampoco debería ser ignorada.
Una formulación completa, no una lista de ingredientes independientes
Todo esto plantea un problema más amplio.
Cuando leemos la composición de una pasta de dientes solemos analizar mentalmente cada ingrediente por separado:
fluoruro, tensioactivo, abrasivo, humectante, conservante, aroma...
Pero en la boca no llegan por separado.
Llegan simultáneamente, dentro de una formulación, y encuentran saliva, proteínas, enzimas, microorganismos, partículas, mucosas y superficies dentales.
Por eso conocer la seguridad o la función de cada ingrediente individual es necesario, pero no responde necesariamente a todas las preguntas sobre las interacciones entre la formulación y el ecosistema oral.
Y precisamente aquí conviene distinguir siempre tres niveles:
lo que sabemos, lo que podemos explicar mediante un mecanismo plausible y lo que todavía no ha sido demostrado.
SLS y aftas recurrentes
La relación entre SLS y estomatitis aftosa recurrente también ha sido estudiada.
Una revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados encontró cuatro estudios crossover, con un total de 124 participantes. En conjunto, los dentífricos sin SLS se asociaron con mejoras en los parámetros estudiados de las úlceras, aunque los autores señalaron que son necesarios estudios mejor diseñados para reforzar la evidencia disponible. [8]
Y los resultados individuales ayudan a comprender por qué conviene evitar conclusiones absolutas.
En un ensayo con 90 participantes, eliminar el SLS no redujo significativamente el número de úlceras ni el número de episodios, pero sí se observó una disminución significativa de la duración de las úlceras y del dolor durante el periodo de utilización del dentífrico sin SLS. [9]
Por eso sería incorrecto afirmar que:
“el SLS causa las aftas”.
La evidencia disponible permite una afirmación más limitada:
en personas con estomatitis aftosa recurrente, los dentífricos sin SLS pueden resultar beneficiosos para algunos parámetros de la enfermedad, aunque la evidencia todavía es limitada.
¿Y las partículas presentes en un dentífrico?
Los dentífricos pueden contener materiales sólidos, entre ellos diferentes formas de sílice utilizadas por sus propiedades físicas y abrasivas. [10]
Aquí conviene separar cuidadosamente lo conocido de lo que todavía constituye una pregunta.
Que un material se describa como micronizado no permite conocer por sí solo toda su distribución de tamaños de partícula. Tampoco permite concluir automáticamente que se trate de un nanomaterial. [10]
Para establecerlo sería necesario conocer datos como la distribución granulométrica, el tamaño de las partículas primarias y su estado de agregación o aglomeración.
Y aparece entonces otra cuestión.
Si determinadas condiciones experimentales muestran que un tensioactivo puede modificar las propiedades de barrera de la mucosa oral, ¿puede modificar también su interacción con otros componentes particulados presentes simultáneamente en la formulación?
Es una pregunta científicamente legítima.
Pero no equivale a una respuesta.
La evidencia que hemos examinado no permite afirmar que el SLS utilizado en un dentífrico provoque la penetración sistémica de las partículas presentes en él.
Confundir una hipótesis plausible con un efecto demostrado sería tan incorrecto como ignorar la pregunta porque todavía no conocemos la respuesta.
Lo que sabemos y lo que todavía no sabemos
Sabemos que los tensioactivos cumplen funciones tecnológicas y detergentes.
Sabemos que la espuma influye en la percepción del consumidor, pero no constituye por sí misma una medida de la eficacia de limpieza. En un ensayo clínico, un dentífrico sin SLS obtuvo resultados comparables al que contenía SLS para placa y sangrado gingival. [1]
Sabemos también que el SLS puede interactuar con la mucosa oral y que existen evidencias de irritación y descamación en determinadas condiciones. [3]
Y existen indicios clínicos de que algunas personas con aftas recurrentes pueden beneficiarse de dentífricos sin SLS. [8]
Lo que no podemos concluir de estos datos es que los tensioactivos de los dentífricos produzcan enfermedades sistémicas, alteraciones metabólicas o que faciliten necesariamente la entrada de partículas en el organismo.
Para esas afirmaciones necesitaríamos evidencias diferentes.
La cuestión, por tanto, quizá no sea si una pasta de dientes contiene ingredientes “químicos” —todo lo que nos rodea es química— sino cuánto conocemos realmente sobre las interacciones entre esos ingredientes y un medio biológico tan complejo como la boca.
Una pregunta sencilla
Durante décadas hemos aprendido a asociar una boca llena de espuma con una boca limpia.
La química explica por qué aparece esa espuma.
La investigación permite estudiar qué hace realmente el ingrediente que la produce.
Y cuando distinguimos una cosa de la otra, queda una pregunta mucho más sencilla:
¿cuánta de la espuma que esperamos al cepillarnos responde a una necesidad de nuestra boca y cuánta responde a lo que hemos aprendido a esperar de una pasta de dientes?
Referencias científicas
[1] Hamza B. et al. The effectiveness of dentifrices without and with sodium lauryl sulfate on plaque, gingivitis and gingival abrasion—a randomized clinical trial. Clinical Oral Investigations (2016).
[2] American Dental Association. Toothpastes — detergents such as SLS and sodium N-lauryl sarcosinate are used for foaming and may increase solubility of plaque/accretions during brushing.
[3] González-Moles MÁ et al. Oral mucosal peeling related to dentifrices and mouthwashes: A systematic review. Medicina Oral, Patología Oral y Cirugía Bucal (2019).
[4] Lippert F. An introduction to toothpaste — its purpose, history and ingredients. Formulation ingredients for toothpastes and mouthwashes (review).
[5] Barkvoll P. Effect of sodium lauryl sulfate on the uptake of fluoride from NaF and MFP by etched enamel in vitro. J Biol Buccale (1991);19(3):235–239. PMID 1939046.
[6] Veeregowda DH, van der Mei HC, Busscher HJ, Sharma PK. Influence of fluoride-detergent combinations on the visco-elasticity of adsorbed salivary protein films. Eur J Oral Sci (2011);119(1):21–26. DOI 10.1111/j.1600-0722.2010.00798.x.
[7] Bauer CW, La Sala EF. The Effect of Sodium N-Lauroyl Sarcosinate and of Sodium Dehydroacetate on the Enzymes of the Gastrointestinal Tract. J Am Pharm Assoc (1956);45(10):675–678. DOI 10.1002/jps.3030451007.
[8] Alli BY, Erinoso OA, Olawuyi AB. Effect of sodium lauryl sulfate on recurrent aphthous stomatitis: A systematic review. J Oral Pathol Med (2019);48(5):358–364. DOI 10.1111/jop.12845.
[9] Shim YJ, Choi J-H, Ahn H-J, Kwon J-S. Effect of sodium lauryl sulfate on recurrent aphthous stomatitis: a randomized controlled clinical trial. Oral Dis (2012). PMID 22435470.
[10] Hamza B. et al. Toothpaste Abrasion and Abrasive Particle Content: Correlating High-Resolution Profilometric Analysis with Relative Dentin Abrasivity (RDA). Dent J (Basel) (2023);11(3):79. DOI 10.3390/dj11030079.
Nota di revisione: i riferimenti sono stati aggiunti alle affermazioni scientifiche principali. Il passaggio SLS–fluoruro è stato ristretto a ciò che dimostra direttamente lo studio in vitro; il passaggio sugli enzimi specifica ora che lo studio riguarda il lauroil sarcosinato di sodio, non l'SLS.
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